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La alfalfa pertenece a la familia de las leguminosas y, dentro de ella, al grupo de las papilionáceas. Posee un tallo largo y ramoso, que se sumerge bajo tierra y que alcanza una altura de 70 cm. Las flores son pequeñas, amarillas y violetas, y se reúnen en manojos. Los frutos tienen el aspecto de pequeños caracoles. Cuando está cubierta de flores, tienen un hermoso aspecto y, por eso, también se la utiliza como planta ornamental. La alfalfa es una leguminosa perenne de origen asiático. De allí fue llevada primero a Grecia, luego a Europa Central y, finalmente se difundió al resto de Europa y América. Desde la Antigüedad, se la utiliza como planta forrajera para alimentar ganado, y éste fue el principal motivo de su difusión. Es un alimento natural, que proporciona gran cantidad de nutrientes en un equilibrio casi perfecto. Además, es de fácil digestión y asimilación. Es uno de los pocos vegetales que posee 22 aminoácidos esenciales que nuestro cuerpo utilizar para formar todas las proteínas que necesita. Contiene entre un 20 y un 25% de estos compuestos. Posee todo el complejo de vitaminas B. Además, constituye una de las fuentes más importantes de vitamina K, indispensable para los procesos de coagulación de la sangre. Otro componente es la vitamina U, que protege la mucosa digestiva y es muy útil para gastritis y úlceras gastroduodenales. Contiene sodio, potasio, hierro, calcio, cobalto, azufre, fósforo, magnesio, manganeso, cloro y boro. Se trata de mineares alcalinos, sin efectos nocivos sobre el intestino. Tiene enzimas, que son sustancias que intervienen en el proceso digestivo y lo facilitan. Están presentes la lipasa, que permite la digestión de las grasas, la amilasa, la coagulasa, la proteasa y varias otras que actúan sobre los azúcares. Además de su valor alimenticio, la alfalfa ayuda a prevenir y curar numerosas dolencias. Por su riqueza en vitaminas, está indicada contra el escorbuto y el raquitismo. Sus enzimas ayudan al proceso digestivo y en afecciones hepáticas. Los ácidos grasos no saturados, las saponinas y las fibras son efectivas para reducir el colesterol. Las fibras también ayudan a un mejor funcionamiento intestinal. La vitamina U y la rutina protegen contra la gastritis y las úlceras, incluso úlceras sangrantes. La vitamina K ayuda contra la propensión a las hemorragias. La clorofila y sus múltiples minerales actúan para contrarrestar la anemia. Es, además uno de los alimentos indicados para prevenir y combatir la artritis, ya que los ácidos que posee impiden la acumulación de los ácidos nocivos que originan esa enfermedad.
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