|
El ajo es un ingrediente del que casi nadie que cocine puede prescindir, por su inigualable sabor. También es utilizado por la medicina naturista, por la cantidad de propiedades que tiene. Posee un poderoso antibiótico capaz de eliminar hongos, virus y bacterias. Ayuda a reducir el colesterol y disminuye la presión arterial. Inhibe los daños que producen enfermedades como el reumatismo y la arterioesclerosis. Previene distintos tipos de cáncer, y también es potente contra el estrés y levanta el ánimo a personas deprimidas. Esta comprobado científicamente que al consumirlo actúa como repelente de mosquitos. Hay varias formas de consumirlos, crudos, cocidos pero se sabe que al cocerlos pierden gran parte de sus virtudes, deshidratado o en comprimidos. Se sabe que el ajo fue cultivado por primera vez en torno al año 300 a.C. Hay inscripciones y modelos de ajos encontrados en las pirámides del antiguo Egipto donde el ajo no sólo era utilizado para consumirlo sino que también tenía un significado ceremonial. Tanto los griegos como los romanos creían que el ajo tenía cualidades mágicas, lo usaban por sus cualidades terapéuticas para el dolor de muelas y las mordeduras de serpientes, y también como un potente afrodisiaco. Era consumido por los guerreros que lo tomaban para aumentar sus fuerzas antes de la batalla, se hacían ofrendas de ajo a los dioses, y se ponían dientes de ajo en el cuello de los recién nacidos para ahuyentar a los malos espíritus. Hay muchas variedades de ajo, desde las más grandes, con cabezas “gigantes”, hasta las de bulbos muy pequeños. Su piel es apergaminada y puede ser de color blanco, rosa o morado. El ajo blanco es el mejor para consumirlo en seco. La diferencia de color no afecta al sabor. En general cuanta más pequeña es la cabeza de ajo, más intenso suele ser el sabor de éste. De todos modos, la mayoría de ajos que se venden en las tiendas no se clasifican por su forma o tamaño, y se suele elegir lo que hay más a mano, ya sea en forma de dientes de ajo sueltos, en cabezas o en ristras. El ajo cultivado en zonas cálidas tiene un sabor más fuerte, lo cual lo hace ideal para consumirlo crudo en ensaladas o conservas. El único inconveniente que puede tener el ajo, es el mal aliento que nos deja en la boca, y por más que se cepillen los dientes a fondo o se coman hojitas de perejil, el olor perdura por un buen tiempo.
|