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Las coles de Bruselas tienen un sabor pronunciado a nueces endulzadas, muy distinto al de las coles o repollos, aunque estén estrechamente relacionadas con ellos. Se sirven tradicionalmente por navidad acompañado a las castañas, y la verdad es que tienen una gran afinidad con varios frutos secos, especialmente con los más dulces, las almendras, por ejemplo, combinan mejor con ellas que las avellanas o las nueces. Las coles de Bruselas ya se cultivaban en Flandes, actualmente Bélgica, durante la Edad Media. Eran una especie de coles en miniatura que crecían en una nudosa hilera sobre un tallo largo y duro. Los alemanes las llaman rosenkohi, mezcla de rosa y col, un nombre hermoso y descriptivo, ya que de hecho tienen un cierto parecido al capullo de una rosa. Tienen muchos nutrientes importantes para nuestro organismo como ácido fólico, vitamina C que ayuda a levantar las defensas del cuerpo previniendo enfermedades, vitaminas del complejo B, minerales como el calcio indispensable para los huesos y dientes, potasio que sirve para la buena contracción muscular, hierro para la formación de hemoglobina. Poseen abundante fibras que ayudan a regular el sistema digestivo, favoreciendo la buena digestión. Comprar coles de Bruselas lo más frescas posibles ya que cuanto más viejas son, más probable es que tengan un desagradable sabor a repollo. Tienen que ser pequeñas y duras, con las hojas muy prietas. Hay que evitar aquellas que se estén volviendo de color amarillo o marrón o que tengan las hojas sueltas. Se mantienen varios días en un lugar frío, como una alacena o el cajón de las verduras del frigorífico, pero lo más sensato es comprar solamente aquellas que se vayan a necesitar. Para prepararlas hay que cortar el extremo inferior del tallo y descartar las hojas más externas. Algunas personas hacen una incisión en forma de cruz en la parte ingerior del tallo, aunque no es necesario. Si sólo encuentra coles de Bruselas grandes, lo mejor es cortarlas por la mitad o a cuartos, o cortarlas en rodajas finas y pasarlas por la sartén. Lo mejor es cocinar las coles de Bruselas muy brevemente o estofarlas suavemente en el horno. También se pueden cocinar unos tres minutos en pequeñas cantidades de agua hirviendo hasta que estén tiernas. Para freírlas, se cortan en tres o cuatro trozos y luego se fríen en la sartén con un poco de aceite o manteca, resultan excelentes con un poco de cebolla y jengibre.
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