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Las zanahorias son unos de los tubérculos más utilizados en la cocina. Pueden ser utilizadas crudas en ensaladas o cocidas, y su sabor varía según el método que se utilice para cocinarlas. Si se hierven en agua pierden bastante su sabor, lo mejor es cocinarlas al vapor así guardan mejor sus características, u hornearlas. También se utilizan en platos dulces, para preparar mermeladas, tortas y postres. En la antigüedad la zanahoria era cultivada por sus hojas aromáticas, en la actualidad se siguen cultivando algunos familiares de la zanahoria solo por sus hojas como el perejil e hinojo. En la edad media las zanahorias más comunes eran las de color morado. Fue en Holanda donde se empezaron a cultivar las zanahorias de color naranja, y desde allí pasaron al mundo entero. La zanahoria tiene muchas vitaminas y minerales, por lo que es ideal para consumir cuando se esta enfermo o haciendo dieta. Tienen grandes cantidades de caroteno y vitamina A, responsables de darle el color naranja, ayudan a mejorar la visión. Vitaminas del grupo B y vitamina E que es un antioxidante natural que previene el envejecimiento de las células. Entre los minerales que posee, están el potasio, yodo, magnesio, hierro y calcio, que ayudan a fortalecer los dientes y huesos, mejoran y regulan el sistema nervioso y muscular. Las zanahorias más deliciosas son las cultivadas artesanalmente, pero si no queda otra opción que comprarlas en el almacén, las mejores son las más jóvenes que son bien delgadas y tiernas. Se las suele vender con la parte verde que tiene muy buen apariencia. Si no son jóvenes, tienen que ser bien firmes y sin colores extraños. Se pueden conservar por varios días en un lugar fresco en la heladera, pero no por demasiado tiempo ya que se ablandan y pierden sabor. Para prepararlas a las zanahorias jóvenes es mejor no pelarlas, ya que en la piel están la mayoría de los nutrientes, y en este tipo de zanahorias la cascara no tiene sabor amargo, sólo hay que lavarlas bien y comerlas crudas. Las que son muy grandes conviene pelarlas, porque la piel no tiene muy rico sabor. Se pueden cortar en bastones y comerlas crudas o rallarlas para comerlas como ensaladas. Se las puede condimentar o no, según el gusto de uno. Muchas personas las prefieren sin condimentar porque así aprecian mejor su sabor dulzón. Otra forma de prepararlas es asándolas, ya que adquieren suavidad y se deshacen en la boca.
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