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Se dice que el simple acto de comer apio tiene un efecto adelgazante debido a que para masticarlo hay que quemar más calorías que las que contiene el propio apio. Tiene un sabor muy peculiar y característico, que hace de él un excelente aderezo para emplear en sopas y rellenos, aparte de ser un ingrediente útil para muchas ensaladas. Tiene un sabor astringente y una textura crujiente que lo hacen contrastar con otros ingredientes típicos de ensalada. El apio se come en muchos países de Europa desde hace cientos de años, y en muchos casos fue introducido desde Italia, donde es frecuente consumirlo en ensaladas. El apio tiene propiedades diuréticas, por lo que ayuda a eliminar impurezas del organismo. Por su alto contenido en fibras ayuda a limpiar y equilibrar el funcionamiento del sistema digestivo. Favorece la formación del esmalte en los dientes. Ayuda el buen funcionamiento del hígado, ayuda a eliminar cálculos renales e incrementa la memoria. Contiene vitaminas A, C, E y B, y minerales como el potasio, sodio, magnesio, hierro, azufre, fósforo, cobre, etc. Lo que lo hacen ideal para tomarlo en juegos después de una actividad deportiva intensa, ya que devuelve todos los minerales perdidos durante el deporte. Hay dos variedades de apio, el apio blanco que se cultiva en invierno. Tiene un sabor menos amargo, de consistencia tierna siendo considerado de superior calidad. El apio verde es más fibroso y se consigue todo el año. A la hora de comprar, lo mejor es el apio blanco y en lo posible que este sucio, con restos de tierra. Éste apio es mucho más sabroso que la variedad limpia e inmaculada pero algo sosa que se vende en los supermercados. Lo mejor es que tenga sus hojas verdes, con los tallos rectos. Si le faltan hojas o parte de los pedúnculos exteriores, es probable que sea viejo, por lo que es preferible evitarlo. El apio se puede guardar durante varios días en el cajón de las verduras de la nevera. El apio que se haya marchitado por el tiempo, se puede revitalizar envolviéndolo con papel absorbente y poniéndolo de pie en un jarro con agua. Para utilizar el apio, lo primero es lavarlo bien, luego separar los pedúnculos, recortando la base con un cuchillo afilado. Cortar el tallo a rodajas finas o gruesas, según exija la receta. Cuando se sirve el apio crudo y entero, hay que descartar los hilos exteriores, tirando de ellos desde la base.
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