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Los optimistas no sólo tienen una riesgo más bajo de depresión a lo largo de su vida, sino que también tienen un mejor estado general de salud y habilidades para afrontar los problemas, comparados con los pesimistas. El optimismo, la esperanza y el control personal parecen ir de la mano.
Los optimistas parecen desarrollar un tipo de inmunidad contra la depresión ya que son menos probables de culparse a sí mismos por las desgracias en sus vidas. Sé que los escépticos dirán que tal optimismo evitará que uno asuma la responsabilidad por nuestro comportamiento. Por el contrario, se observa que los optimistas son prudentes, realistas, y están muy atentos a su salud y a su seguridad.
Las investigaciones demuestran que los optimistas tienen hábitos saludables de comida. Es menos probable que tomen alcohol o que fumen tabaco. Cuando se enferman, descansan adecuadamente en lugar de presionarse a sí mismos. Realizan el tratamiento necesario.
Se observa que los optimistas se mantienen alejados de los lugares peligrosos. Evitan las fiestas bulliciosas y los bares. Ellos parecen saber cómo cuidarse a sí mismos.
Los pesimistas, por el contrario, tienden a ignorar o descuidarse, y no evitan los peligros. Según el psicólogo Peterson de la Universidad de Michigan, los pesimistas tienen preferencia por las situaciones potencialmente peligrosas. Están más propensos a enfermarse o a sufrir accidentes.
Cultivar el optimismo es cultivar la esperanza, el altruismo, y la fuerza interior. Los optimistas perseveran ante los obstáculos y las dificultades, quizá, diciéndose a sí mismos, "sé que mejorará." Mientras que los pesimistas son más probables de abandonar todo ante el primer obstáculo que deben enfrentar, tal vez convenciéndose de, "ya lo sabía. Nunca iba a funcionar."
El optimismo puede estar relacionado con una poderosa fe. Según el investigador Shethi-Iyengar de M.I.T., las personas que están más involucradas en su religión parecen ser más optimistas que aquellos que no son tan devotos. Quienes dedican más tiempo a rezar y a otras actividades religiosas son más optimistas que aquellos que están menos involucrados en dichas actividades.
Una crítica contra los optimistas es que no están en contacto con la realidad. Me pregunto si los críticos son pesimistas. Quizá ellos creen que la realidad en sí es desalentadora y deprimente. Por lo tanto, si usted conoce la realidad, no tiene otra opción más que la depresión. Según la investigación actual, esta suposición no es válida. Los optimistas son más probables de prestar atención a la realidad y a los riesgos que hay en ella, que los pesimistas. Por eso, no se preocupe, sea feliz. El optimismo no es la negación de la realidad.
Los investigadores además han notado que el optimismo ayuda como un amortiguador contra un dolor anormal. Ayuda a suavizar el trauma que produce la pérdida de un ser querido, según el psicólogo Nolen-Hoeksana de la Universidad de Michigan. Se informó que el sesenta y cinco por ciento de los optimistas que han perdido a un ser querido, encontraron algo positivo en dicha pérdida. Algunos sintieron que aprendieron a valorar mucho más su relación. Otros a ser más pacientes. Parece ser que cuando la vida les presenta mil razones para llorar, ellos le demuestran que tienen mil razones para sonreír.
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