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Beneficios de reconocer errores propios. Muchas veces decimos o hacemos cosas, que luego cuando las analizamos en frío, nos producen arrepentimiento. Contestarle mal a un amigo, discutir con la pareja y no tener razón. A todos nos pasa. Lo importante es, una vez cometida la falta, aprender a rectificarse, en forma consciente y sin falsos sinceramientos. La vida es un largo camino, que está lleno de equivocaciones. Por suerte, también tenemos la posibilidad de darnos cuenta y tomar medidas, para no volver a caer en lo mismo. De nada sirve adoptar una postura rígida cuando, de lo más profundo de nuestro ser, sentimos que le hicimos daño, a quien más queremos o simplemente nos comportamos en forma errónea. Para poder ganar el respeto ajeno, es necesario expresar lo que nos pasa, esconderlo por orgullo o cobardía no sólo genera un gran remordimiento, sino que nos transforma, frente a los otros, en personas irresponsables y sin interés por lo que provocamos con nuestras actitudes. Cómo hacer para admitir que estuvimos mal? 1. actuar en forma natural: no hacer un drama, tratando de que quien está ofendido, termine sintiendo culpa. Sin alzar la voz, ni adoptar posturas teatrales, explicar en forma clara y sencilla lo que sucedió, reconociendo la falta y haciéndole saber al otro, que nuestro deseo es recomponer la relación y que acepte nuestras disculpas. 2. ser responsables: esto significa que debemos aceptar lo que hicimos, sin dejarnos ganar por el sentimiento de culpa, que sólo paraliza e impide avanzar. El querer cambiar las cosas para mejor, es lo que nos hace evolucionar en nuestras relaciones. 3. saber que pedir perdón no significa que el otro lo acepte: si asumimos nuestro error y lo hablamos y, sin embargo la otra persona continúa dolida, no podemos hacer más que dejarla, hasta que se le pase y respetar su decisión. Es muy importante no convertirse en un acosador o una víctima eterna, porque eso no es más que un reflejo, de que en verdad, poco nos importa lo que el otro siente. Los seres humanos, contamos con un conocimiento poderoso, el de nuestras emociones. Ellas nos enseñan que muchos de los problemas frecuentes se pueden resolver, sintiendo, más que pensando. Cuando alguien sabe algo, porque se lo dice su corazón, goza de una inquebrantable convicción, en cambio cuando algo entra por la cabeza, siempre alberga un margen de duda (aunque éste científicamente comprobado). A través del desarrollo de nuestra inteligencia emocional, es posible canalizar positivamente nuestras emociones, para favorecer un óptimo rendimiento en cualquier tarea realizada tanto en el deporte, en el trabajo y en el estudio como las relaciones con nuestros hijos con amigos y con nuestra pareja.
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