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Cada pensamiento o sentimiento es luz, en diferentes grados de vibración. La mayoría de las personas se muestra renuente a aceptarlo, porque no puede ver esta energía luminosa, pero tampoco podemos ver las sondas satélitetales, de radio, de telefonía celular, sin embargo, existen. La realidad es que estamos rodeados de campos de energía, aunque no podamos percibirlos con los ojos, los sentimientos de ira, temor, angustia, ansiedad, nervios, etc., son irradiaciones asonantes que se propagan, generando en otras personas los mismos sentimientos. Los conflictos y las especulaciones mentales, la imaginación enfocada en estrategia y morbosidad, producen vibraciones pesadas y toscas que penetran en las mentes del resto de las personas, provocando actividades de la misma naturaleza. Estas energías inarmónicas, que inciden sobre quienes nos rodean pueden ser detenidas, produciendo en el ambiente que nos rodea, en nuestras casas o lugares de trabajo irradiaciones positivas, por ejemplo con la música, con colores, con aromas de flores o de incienso etc. Los sonidos son también vibraciones y la música puede llenar el espacio de vibraciones armónicas, por lo que constituye un excelente medio, para destruir o interferir la las ondas inarmónicas provenientes del exterior. Todos tenemos filtros mentales llenos de prejuicios, de temores, de costumbres o de creencias que distorsiona nuestra percepción de la realidad. Los condicionamientos emocionales, los procesos mentales y los patrones de comportamiento, mantienen en su lugar a las demás experiencias, percepciones y comportamientos, impidiéndonos cambiarlas, para crear el tipo de relaciones, las oportunidades profesionales, la salud física, emocional y mental que anhelamos. Cuando reina la paz interior, estos temores, angustias, remordimientos o prejuicios empiezan a perder el sentido de su existencia y se van disipando. Al tener una clara conciencia de nuestro valor y una clara percepción de la verdad, eliminamos la distorsión, provocada por nuestros centros mentales. Pero como podemos alcanzar esta paz interior?... profundizando en nosotros mismos más allá de los temores, las angustias y las experiencias acumuladas a lo largo de nuestra vida. La práctica de la meditación nos permite establecer contacto con nuestro espacio vital, ayudándonos a desarrollar nuestra capacidad interna y externa de escucha. La música nos invita a descubrir esa zona de paz interior, donde reina la armonía y desde donde podemos tomar las decisiones más adecuadas. Nos invita a interiorizarnos, a conocernos, a aceptarnos y aceptar nuestras emociones.
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