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Una descripción de cómo, aunque molestos e indeseados, los obstáculos y las normas son escalones hacia el auto desarrollo personal. Sentimos que los límites que nos impone la vida, son arbitrarios. No toleramos la frustración, nos rebelamos ante las dificultades y las vemos como enemigas. Pero generalmente son las que nos impulsan a crecer y a pedir ayuda. Cuando una persona acude a terapia es porque está sufriendo y ya no puede controlar su vida. Es en este momento de vulnerabilidad, tan temido que se encuentra el mayor potencial para la transformación. Lo más difícil en este caso es convencer a la persona de que su sufrimiento, tiene un propósito y en vez de terminar con su frustración y proveerle de las soluciones inmediatas, que busca a veces, es necesario profundizar la crisis. En este proceso la persona debe llegar a comprender que las dificultades o los límites contienen un aspecto amoroso ya que propician el crecimiento y la evolución del alma. En este plano constantemente nos encontramos con límites: nuestros sentidos son limitados, nuestro cuerpo, nuestro conocimiento, la vida misma se limita con nuestra muerte, el tiempo que tenemos aquí, tiene un principio y un fin. El límite resulta absolutamente necesario tanto en la educación de los niños, como en el día a día en la vida adulta. El límite nos marca un camino de aprendizaje. Tiene un propósito en la evolución del alma. Aquello que no podemos obtener, lo que nos cuesta, la dificultad, nos indica al mismo tiempo las lecciones que debemos aprender, para poder manifestar nuestro potencial. Los límites son el golpe al ego, generan humildad, nos obligan a recapacitar y a crecer. La ley del Karma nos dice que, para cada acción que realizamos, hay una reacción correspondiente. Nuestros actos tienen consecuencias que, tarde o temprano, tendremos que asumir. Reflexión. Cuando todo lo que construimos se cae, debemos plantearnos si realmente era tan sólido, como pensábamos y esto nos obliga a un examen de conciencia. Para la búsqueda de elevación del espíritu hay que transitar a través de un dificultoso aprendizaje. Si podemos capitalizar las lecciones que nos brinda la vida a través de los límites y la frustración y transformarlas en sabiduría estaremos haciendo más útil nuestra alma, lo que equivale a convertir simbólicamente, el plomo en oro… y a descubrir la Piedra Filosofal que se encuentra en nuestro interior.
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