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El valor de la propia integridad. El capital más grande que tenemos es nuestro cuerpo, y cuidarlo nos reportará muchos intereses. Todos sabemos que el cuerpo es el capital más importante con el que contamos. Pero ese conocimiento no debe ser inconsciente, tenemos que tenerlo presente en todo momento y actuar en consecuencia. Aunque para ciertas personas muy especiales y espirituales no es imposible, para la mayoría de nosotros es muy difícil apreciar el disfrutar plenamente de la vida, si nuestro cuerpo no nos responde bien, si nos aquejan los achaques y las enfermedades o si sencillamente no tenemos una condición física básica y necesaria, que nos permita manejarnos sin problema, en situaciones tan cotidianas como subir una escalera, agacharnos sin que nos duela la espalda, levantar una caja o mover un mueble de lugar. Y eso también es algo que todos, de un modo u otro sabemos muy bien. Pero qué hacemos concretamente para cuidar ese capital? Qué esfuerzo hacemos para minimizar el margen de riesgo? Qué esfuerzo estamos dispuestos a hacer? Ninguno de nosotros dejaría un capital realmente importante en un cajón, sin llave, nos preocuparíamos en ver la manera de protegerlo, de no dejarlo librado al azar. Y menos aún haríamos nada a sabiendas, para que ese capital se disipe o se pierda. En lo que al cuerpo y a la salud se refiere, el sedentarismo y la inacción, son el modo menos inteligente de cuidar y de disfrutar nuestro capital. Lo que no se mueve se atrofia. Lo que no crece muere. Los motivos para dejarnos estar, pueden ser muchos y muy variados y en más de una ocasión parecen justificarse; el ritmo de vida, la falta de tiempo, las obligaciones de trabajo, los familiares, el estudio etc. Así se crea una inercia, que terminamos creyendo inmodificable, aunque sepamos que no es sana. Salir de la inercia. Implica sin duda un cambio de hábito, de rutina y para eso por supuesto debemos hacer un esfuerzo de voluntad. Pero si estamos poniendo esfuerzo en todas las áreas de nuestra vida, el trabajo, el estudio, la familia, entonces porqué no ponerlo en preservar el capital primario que nos permite acceder a esos objetivos? Debemos analizar concienzudamente si no tenemos tiempo o posibilidad de dedicar al menos tres o 4 horas por semana a cuidarnos. Cada uno de nosotros debe responder a esas preguntas con sinceridad. Reflexión. Volviendo a la idea del cuerpo como un valor y una inversión, todo capital bien manejado produce una ganancia, un interés. La relación entre actividad física y salud es conocida e innegable y está avalada tanto por la ciencia, como por el sentido común. El interés, que no reporta la inversión en nuestro cuerpo, es reducir el riesgo de dolencias físicas y poder disfrutar más plenamente de todo lo que hacemos en la vida.
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