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A veces nos sentimos poco autores de nuestra propia biografía y vemos nuestra vida muy determinada por el azar, por los impulsos del propio temperamento o por las circunstancias de nuestro entorno y tantas coyunturas impuestas, que dejan poco sitio a nuestra libertad personal. Debemos reconocernos como tutores de nuestra propia vida y escultores del propio destino. Aunque a veces el determinismo o el azar, parezcan querer guiarnos como una marioneta, lo cual hace que nos entreguemos, en vez de continuar, y luchar. Sólo los humanos podemos (siempre relativamente, desde luego) romper con las supuestas fatalidades de nuestro origen y nuestro entorno, en vez de resignarnos pasivamente ante ellas. Podemos compensar las deficiencias de nacimiento, con elecciones y compromisos propios que no se eleven por encima de lo rutinariamente previsible. Por eso se ha dicho que la educación es, en cierto modo, un intento de rescatar al hombre de la fatalidad, de lo estrictamente biológico o de la limitación agobiante de la mera experiencia personal, y para impulsarle por un camino de libertad plenamente humana. Es preciso poner esfuerzo en sacudir la inercia, mantener a pulso la libertad, nadar contracorriente siempre he que haga falta y reírse de lo que deba uno reírse, pero tomarse muy en serio las cosas serias. El ser humano puede y debe elegir lo que quiere aprender, adquirir voluntariamente determinadas capacidades, intervenir en el flujo de información que le llega, decidir sobre su comportamiento: en definitiva, puede decidir cómo quiere ser. En la juventud, generalmente se piensa poco en esto. Pero cuando pasan los años, es más fácil creer que el camino recorrido es como una senda llena de bifurcaciones, de flechas que señalan caminos diferentes. Tomamos algunos de esos desvíos, casi sin percatarnos de ello. Otros ni siquiera los vimos, y tampoco sabemos bien a dónde nos habrían llevado, esos otros que dejamos de lado, aunque muchas veces es posible imaginar la mejor alternativa. Cada vez que llegamos a un desvío, en la decisión de pasar de largo o tomarlo, a menudo hay mucho en juego. La vida está siempre constituida por opciones, sobre las que hay que reflexionar muy bien y decidir lo correcto, para esa situación específica. Hay que descifrar bien las señales de cada encrucijada de la vida, para decidir con sabiduría. Muchas veces las señales no son claras. He aquí la importancia de la observación. La vida se despliega en un decidir de modo continuo. Esas decisiones, constituyen la trama central de nuestra existencia. No se trata de extrañar las posibilidades de cada camino lateral que dejamos de tomar, pero sí de avanzar, por nuestro camino, con los ojos bien abiertos, para no equivocarnos. Pensando antes de actuar. Podríamos concluir que el futuro está siempre haciéndose, pero que se hace principalmente con el material ya existente. Ese material es nuestra propia e intransferible experiencia, que deviene de nuestra capacidad de aprendizaje. Pero nuestro porvenir está vertebrado por esa fuerza misteriosa y rebelde que es la libertad creadora del hombre. El futuro no es inexorable, el futuro tiene un entretejido que es nuestra propia libertad.
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