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Alcanzar la plenitud. Todos los hombres, tienen un corazón incapaz de soportar los sufrimientos de los otros. El sentimiento de compasión, está en la base del amor al prójimo. Los sentimientos de vergüenza y desagrado, están en la base de la rectitud. Los sentimientos de gratitud y modestia, están en la base de la corrección y los sentimientos de aprobación y desaprobación, están en la base de la sabiduría. Todos los hombres poseen estas cuatro bases en su yo interno, si saben cómo desarrollarlas y llevarlas a su plenitud, serán como el fuego, que empieza y toma cuerpo, o como la fuente que brota y aumenta su caudal. Si las completan, les alcanza para proteger el universo, sino las completan, no podrán proteger ni sus propios poderes. El amor es la verdad definitiva, ya que es el que da origen al universo. Él sana, cura, conquista y nutre. El verdadero amor es una experiencia del espíritu, del alma. Estar enamorado, es una realidad del alma. El amor y estar enamorado son herramientas para la transformación del alma y de la conciencia. Aquellos que nos atraen o nos repele son espejos de nosotros mismos. Nos atraen, quienes poseen las cualidades que nosotros todavía no hemos desarrollado y repelemos a los que tienen los rasgos que rechazamos en nosotros mismos. No hay que preocuparse por cambiar al mundo, sino por cambiar uno. El mundo es el reflejo de lo que somos, como cuanto mejor uno es, este será mejor. Debemos ser agradecidos, así como somos. Aquellas personas que nos resultan atractivas, son las que no juzgan, las que están colmadas con su ambigüedad, que dan y no dependen de otros, que se quieren así mismos, tal cual son. Todos necesitamos creer que somos amados y dignos del amor. El amor es una fuerza tan real como la gravedad y ser sostenidos por él a cada minuto, debería ser nuestro estado natural. El significado espiritual del amor se mide, sobre todo, por lo que es capaz de hacer, que es mucho. El amor puede curar... puede protegernos... puede acercarnos a Dios. El amor hace girar al mundo. A través de él, la mayoría de las personas dan sentido a sus vidas y el reconocer la presencia del otro en su existencia, los hace feliz, los llena y los complementa, permitiéndoles adquirir un estado de completo bienestar. Abrirnos al otro, nos permitirá investigar sobre aquellas cosas que nos hacen diferentes y disfrutar del placer que esto nos genere. Es poder salir de nosotros mismos, hacia el encuentro con el alma del otro.
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