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La ignorancia es atrevida. Siempre se ha creído que herrar es están simple como clavar y martillar, labor hecha por artesanos sin academia desde tiempo inmemorial. "El arte de herrar" para dar a entender lo que significa, prima más la habilidad del individuo en el proceso, lo que implica moldear la herradura y realizar el proceso de herrado, que el conocimiento intrínseco que lleva dicha labor. Generalmente este conocimiento se ha trasmitido de forma empírica, sin llegar a estudios profundos, sobre el pie del caballo, razón por la cual se han cometido errores y diseñado estilos de herrado equivocados y dañinos basados en concepciones erróneas, sobre el andar del caballo y su desplazamiento, restándole importancia al estudio científico del ejercicio del herrador. Nada más lejos de la realidad. Puesto que a medida que se ha desarrollado la tecnología, nos hemos visto forzados a mejorar y solucionar los problemas de aplomo y desplazamiento de los caballos, basándonos en un estudio a fondo, de sus diferentes componentes y disciplinas. Es por ello que se ha creado la necesidad, de que el herrador tenga conocimientos básicos multi-disciplinarios, para poder realizar su labor, debidamente, con orden y pulcritud, obteniendo las mejores manifestaciones genéticas, en los caballos para así causarles el menor daño posible, compensando los defectos de conformación y haciendo cómodo su desplazamiento, de igual manera obteniendo la satisfacción del cliente y del dueño del caballo. Por tal motivo es indispensable que el profesional del herrado, obtenga y aplique conocimientos en las siguientes áreas, y además en otras que se irán adicionando a medida que la tecnología y el herrado se desarrollen conjuntamente. Anatomía del pie del caballo. Conocer con exactitud inequívoca, la zona de trabajo, del herrador, es un requisito indispensable para cualquier trabajador en cualquier área, de manera que esto no debe ser una excepción dentro del proceso del herrado. Muchos caballos se han perdido por la negligencia del herrador, lo que se traduce en falta conocimiento de las estructuras sobre las cuales se está trabajando, del daño potencial que puede causar una labor hecha sin ningún tipo de cuidado; por tratar de realizarla en forma rápida y así, herrar la mayor cantidad de caballos durante una jornada de trabajo. El conocimiento y reconocimiento de las estructuras del pie del caballo, hace que el herrado se haga de forma cuidadosa, prudente con pleno conocimiento de causa, sobre los daños que se pueden infringir sobre el casco. La diferencia de poner un clavo correctamente y uno de forma equivocada, oscila entre uno a tres milímetros, dependiendo del tamaño del casco y de su conformación anatómica. Algunas de las enfermedades que se han causado, por negligencia e irresponsabilidad del herrador son clavos arrimados, clavaduras, abscesos, deformaciones del casco, laminitis, tendonitis y síndrome del navicular, entre otras.
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