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Algo muy interesante ocurre con determinadas enzimas que afecta el color del pelaje de ciertos animales. Muchas enzimas son termolábiles, es decir, no funcionan a altas temperaturas ni siquiera dentro de los valores fisiológicos normales. Una enzima de este tipo es la responsable del color en los gatos siameses. Funciona adecuadamente en las áreas periféricas más frías del cuerpo, tales como las orejas, la nariz, las patas y el extremo de la cola, pero se vuelve inactiva en las áreas más calientes del cuerpo. Por razones similares, los conejos del Himalaya son todos negros cuando se crían a temperaturas próximas 5 °C, son blancos, con orejas, patas, narices y colas negras, cuando se crían a temperaturas ambientales normales, y todos blancos cuando se crían a temperaturas superiores a 35 °C. La termolabilidad en los animales tiene sus ventajas para proteger su especie. En la foca ártica, los recién nacidos son blancos como resultado de haberse desarrollado a una temperatura cálida (al igual que otros mamíferos, se desarrollan dentro de los cuerpos calientes de las madres). Los recién nacidos no pueden nadar y así están restringidos a los témpanos de hielo donde su pelaje blanco disimula su presencia, para evitar que sean avistados por depredadores. Cuando llega el momento en que pueden nadar, y al estar expuestas al ambiente externo más frío, les crece una nueva piel por lo tanto su pelaje se ha vuelto pardo y entonces se confunde con las aguas oscuras del Ártico. Aunque la piel blanca protege a la cría de la foca contra la mayoría de los depredadores, los hace altamente deseables para los cazadores humanos, que son actualmente sus principales depredadores. La termolabilidad de esta misma enzima (tirosinasa) le permite un “camuflaje” similar al zorro ártico. Durante el verano desarrolla un pelaje blanco que le proporciona protección durante los meses de invierno, ya que su hábitat es muy nevado y de esta manera se camufla con el paisaje. En invierno comienza a crecerle el pelaje oscuro que se pondrá de manifiesto al mudar el pelaje blanco en primavera. Todo esto ilustra el hecho de que, como veremos a menudo, la evolución es oportunista.
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