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Investigaciones científicas confirmaron que la música clásica, al igual que otro tipo de obras musicales produce mejorías en problemas como, contracturas, trastornos respiratorios y psicológicos entre otros. La importancia de la música como camino terapéutico, comenzó hace miles de años con las culturas más primitivas -como las chamánicas- y con otras también muy antiguas pero un poco más evolucionadas como lo son por ejemplo la civilizaciones hindú y China. Hoy en día, es muy común encontrar en cualquier disquería de Pekín, un catálogo de compact-disks, con títulos como Obesidad, Estrés, Hígado, Corazón, Pulmones… ¿A que se debe esto? Cada uno de esos nombres hace alusión directa a los distintos tipos de música, que se ocupan de tratar un problema u órgano determinado, según las leyes de su ancestral medicina tradicional. No es nuevo que la música cure, ya sea que lo sepamos intuitiva o racionalmente. Lo que ocurre es que, en occidente, necesitamos pruebas de laboratorio para creer. Lo que nos pasa todos los días con la música, es definitivamente real. Pruebas Científicas: La Tranquilidad de Occidente. A comienzos de la década del 90, un estudio efectuado en la universidad de California, Estados Unidos, reveló lo que serviría como cimiento para la creación del denominado Efecto Mozart: 36 estudiantes de psicología lograron, entre ocho y nueve puntos más en un test de inteligencia espacial, después de escuchar durante 10 minutos la “Sonata para dos pianos” en re mayor de Mozart. Aunque los efectos durante la música, duraron sólo 15 minutos, ese tiempo bastó para determinar la importante relación entre música y el razonamiento espacial. Los hombres de ciencia intentaron explicar que escuchar a Mozart organiza la actividad neuronal en la corteza cerebral, reforzando, sobre todo, los procesos creativos del hemisferio derecho relacionados con el razonamiento espacio temporal. Ahora bien, cabe preguntarse, sólo funciona con Mozart? Y si no nos gusta?... la explicación es la siguiente: funcionan todas aquellas melodías y ritmos que ejercen un efecto saludable en nuestro organismo. Lo que sí parece establecer diferencias entre Mozart y otros compositores, es que su música logra los resultados más duraderos. De todos modos, sea Mozart u otro compositor el que elijamos, se aconseja que la música no exceda las 60 unidades de pulsos por minuto (el tiempo marcado por el ritmo de los instrumentos más graves) y que la escucha sea activa, que se diferencie claramente del hecho pasivo de oír. Porque la actitud receptiva a las sensaciones resulta esencial para permitir que la música llegue a nuestro yo más profundo.
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