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Desde la antigüedad, sabemos que la capacidad física frente al esfuerzo, decrece con la edad, pero la mayoría de las personas tienen mucha más de la que utiliza. El envejecimiento es el conjunto de modificaciones anatómicas y fisiopatológicas debidas al paso del tiempo. Es un fenómeno natural caracterizado por la pérdida de neuronas, reducción de la liberación de neurotransmisores y funciones fisiológica.
Se produce el deterioro de la capacidad articular y muscular, con la limitación corporal a la actividad, todo ello acompañado por un gran número de factores psíquicos y socio- ambientales que acotan el desarrollo de la vida diaria. También provoca el deterioro de las funciones cognitivas, tales como la memoria, la atención, el tiempo de reacción y la velocidad de procesamiento de la información. Todos estos problemas, en edades avanzadas, pueden desencadenar otros, tales como golpes y caídas por pérdida de equilibrio o bien debilidad muscular, las que se ven agravadas si sumamos a ellas los factores de riesgo, como son el sedentarismo tabaquismo y alcohol y malos hábitos alimenticios. Beneficios de una actividad física frecuente y planificada. Son conocidas las ventajas del ejercicio, en personas adultas, las que podemos resumir en: más optimismo, auto confianza, aumento del apetito, mayor concentración descanso adecuado, equilibrio y coordinación de movimientos, menor riesgo de obesidad y aumento de capacidad cardiorrespiratoria, como así también de respuesta sensorial. Estrategias para mejorar la calidad de vida. El ejercicio a intensidades moderadas, puede producir numerosos beneficios para la salud, incluyendo una mejoría en el bienestar psíquico-social y en la densidad mineral ósea, tolerancia la glucosa y disminución de los factores de riesgo coronario, así como una reducción en la mortalidad, relacionada por causas cardiovasculares. Además el entrenamiento progresivo de resistencia, podría tener un efecto favorable sobre la presión sanguínea en reposo y sobre los niveles de líquidos y lipoproteínas. Los ejercicios de fuerza, realizados con todos los grupos musculares (zona media, miembros inferiores y superiores) pueden mejorar la calidad del desplazamiento, la posición corporal y los movimientos cambiantes (pararse, sentarse, levantarse de la cama, acostarse). Es aconsejable que los ejercicios de fuerza se realicen aislando la articulación y trabajando específicamente sobre un músculo, para no provocar grandes cambios hemodinámicos, como aumentos bruscos en la presión arterial. Además los ejercicios de fuerza, servirán para evitar la sarcopenia (atrofia muscular producida por destrucción de la fibra muscular) debido al paso del tiempo y al sedentarismo en muchas personas. Será necesario además de lograr flexibilidad, para mantener el rango de movimientos articulares y poder ejecutar acciones que requieran estirar y flexionar partes corporales más allá de lo normal. En suma, la actividad física es un proceso, que debe formar parte de nuestra vida cotidiana, por ser un instrumento de re-educación corporal, que redunda en un cambio de perspectiva. Lo principal de esto radica, en mejorar nuestra calidad de vida. Mientras vivamos más allá de la cantidad de años de nuestra existencia hay que moverse para vivir mejor.
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